jueves, 5 de julio de 2018


Hoy no es un día como otro cualquiera.
 Es un día especial, y así quiero que se refleje en mi vida.
 Siento que desde hace unas cuantas semanas, estoy especialmente sensible y emotiva.
  Quizás sean las hormonas, la química, la edad que todo lo transforma, la evolución de la vida, o qué se yo... pero quiero recordar momentos, lugares y personas que me han hecho feliz alguna vez.
Este poema se lo dedico a mi amiga del alma.


AMIGA

Mi amiga es como es, y yo soy de otra manera.
Cada una tan distinta y tan nosotras a la vez.
Reconoce todo en mí.
Sabe todo de mí.

Hablamos desde el fondo de nuestras almas.
Hablamos y no pienso, solo siento las palabras.
Hablamos y escucho con bondad,
Con paz, con total dejadez me dejo llevar.
No juzga,
No dora,
No daña.
Ella me acepta, me quiere y me acompaña.

Ahora no te veo, ni te oigo todos los días como en Ayala.
Aquel piso, refugio de todas las locas.
Reuniones sin final, sin motivo y sin razón,
Cuando todo era joven, bello y divertido.

La vida y los años han pasado muy deprisa.
Cada camino, cada amor y cada hijo,
Nos han forjado almas más duras.
Ya no somos las mismas veinteañeras inocentes,
Pero hablo contigo y no ha pasado el tiempo,
 Noto que el lazo sigue vivo,
Siento que siempre estás ahí, que no estoy sola,
Que eternamente nos tendremos la una a la otra,
Que esto nuestro es para siempre.



Encarna Fernández Benavente.                                                                                  1 de julio de 2018

martes, 15 de mayo de 2018

Burdeos o Bordeaux en abril 2018


INTRODUCCIÓN.

Esta entrada del blog es un poco diferente a las demás, se ha convertido en un diario completo de nuestro viaje a Burdeos. En otras ocasiones solamente he colocado un pequeño resumen de nuestras escapadas, ya que el diario completo lo cuelgo en una pagina especifica para viajeros, pero esta vez os lo cuento todo, todo, todo, y así os sirve para cuando decidáis ir a esta bella ciudad francesa.
Puente de Piedra o Puente de Saint Pierre 

Como todos los años, aprovechamos un puente en Alicante, la Fiesta de Santa Faz, que siempre cae en jueves, para lanzarnos a conocer alguna ciudad cercana. En esta ocasión nos hemos decidido por Burdeos, la Perla de Aquitania, uno de los principales puertos atlánticos de Francia.
Había leído muy buenos comentarios y me atraía bastante conocer y disfrutar de esta maravillosa ciudad.

DIA 1.- PRIMER CONTACTO CON LA CIUDAD

El miércoles, 11 de abril, volamos con Volotea: salida de Alicante a las 13:55 y llegada a Burdeos a las 15:35 h.  Al salir del aeropuerto compramos el ticket en la máquina para el autobús de TBC (línea1) que nos desplazó hasta el centro en 50 minutos, aproximadamente. Nosotros bajamos en la parada Palais de Justicie, a dos pasos de nuestro hotel; Ibis Bordeaux Centre Mériadeck. Hotel sin lujos, cómodo, bien situado y económico para los precios que habíamos visto.

Descargamos las maletas en el hotel e inmediatamente nos lanzamos a la calle para tomar el primer contacto con la ciudad.
Catedral de San Andrés en la Plaza de Pey Berland


 Mapa en mano, nos acercamos a la Plaza Pey Berland, a tan solo 5 minutos caminando. Se trata de uno de los centros neurálgicos de Bordeaux, donde se levanta la espléndida Catedral gótica de San Andrés, aunque de origen románico (siglo XI). 

Como curiosidad, os diré, que en 1137 esta catedral fue el escenario de la boda entre Leonor de Aquitania y el futuro rey Luis VII de Francia.

 Destacan en el exterior de la catedral, los contrafuertes y arbotantes que se construyeron con posterioridad para asegurar la estructura del edificio y que se aprecian a simple vista. Separado de la catedral está el campanario o torre Pey Berland, que fue ordenada construir por el arzobispo del mismo nombre. 



Interior de la Catedral de San Andrés


Por otra parte, desde 1998, la catedral de San Andrés forma parte del Patrimonio de la Humanidad como parte del sitio Caminos de Santiago de Compostela en Francia. Si te fijas bien, podrás encontrar muchas placas con la concha, símbolo del Camino de Santiago, repartidas por el pavimento de las calles de la ciudad.



Seguimos caminando con la intención de llegar hasta el río, pero al cruzar la calle Santa Catherine, considerada una de las calles comerciales más largas de Europa, un río de gente y multitud de tiendas nos hizo desviarnos hasta alcanzar la Puerta de Aquitania, una de las seis puertas de entrada a Burdeos, construida en 1755, puerta que comunicaba la carretera de España con la calle Santa Catherine. 


 Desde este punto, callejeamos un poco hasta alcanzar la Basílica de San Miguel, construida entre los siglos XIV al XVI, de estilo gótico flamígero, también incluida en la lista de «Caminos de Santiago de Compostela en Francia». Al igual que en la catedral de San Andrés el campanario está separado de la estructura principal, alcanza una altura de 114 metros, y se considera la torre más alta del sur de Francia, perfectamente visible desde el otro lado del río Garona más allá del Puente de Saint Pierre, como días más tarde pudimos comprobarlo.

     

Campanario del campanario de San Miguel

Recuerdo que me impresionó su estructura sólida, y su altura, así como también recuerdo el gran tropezón, torcedura de tobillo y mi caída al suelo, mientras intentaba tomar una foto con perspectiva de la altísima torre. Jajajajajaja…que vergüenza!!! Se me cayó el teléfono, el paraguas y quedé desparramada por el suelo, un poco dolorida y con miedo a un esguince. Tuve suerte, me levanté y poco a poco comencé a andar sin ningún problema.



En nuestro afán de alcanzar a ver el rio Garona, proseguimos el paseo hasta la Puerta de Borgoña. Dicha puerta sustituye a otra medieval y se levantó entre 1750 y 1755. Está frente al gran Puente de piedra o Pont de Pierre, construido por Napoleón I con muchas dificultades arquitectónicas en aquella la época, consta de 17 arcos y era el único puente en la ciudad hasta la construcción del puente de San Juan en 1965.

Puente de Piedra o Puente de Saint Pierre desde la Puerta de Borgoña


El puente es larguísimo y comunica el centro histórico de Burdeos con la Bastide a través del tranvía. Resulta bastante ancho y lo adornan unas preciosas farolas de color negro. Como nota negativa, he de decir que, las aguas del río Garona no parecían muy limpias, más bien color café con leche, muy lejos del azul verdoso que yo me había imaginado.






La Grosse Cloche


En este punto, perdimos un poco el control del mapa, pero callejeando, la fortuna nos hizo aparecer en La Gran Campana o La Grosse Cloche, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, construida en el siglo XV. 

Entre dos torres cilíndricas se abre un amplio arco bajo el que pende la gran campana y por debajo de esta hay un reloj astronómico. Es una de las 6 puertas de la ciudad, levantada originalmente con carácter defensivo y estéticamente preciosa. Encajada entre estrechas calles resulta bellísima de contemplar y aquí nos hicimos un montón de fotografías desde todos los ángulos posibles.

Volvimos a verla en otras ocasiones, y si cabe, nos resultó más bonita todavía y más luminosa a la luz de la mañana, con todo el barrio lleno de gente, barecitos y tiendas abiertas que le dan mucho encanto a la zona.




Puerta Cailhau
Proseguimos descubriendo las calles de Burdeos e intentando conocer sus principales monumentos, de manera que llegamos a la Puerta Cailhau, una de las más famosas y más fotografiadas de Burdeos.

Tiene 35 metros de alto y fue dedicada al rey Carlos VIII por su victoria en la batalla de Fornovo 1495 (Italia).  Esta puerta es un tesoro arquitectónico y además de su pasado defensivo era la entrada al barrio de Saint Pierre, centro estratégico-turístico de la ciudad, lleno de calles hermosas, restaurantes de todo tipo y tiendecitas típicas francesas que conservan todo su sabor y su peculiar belleza.


Un poco cansados, decididos parar a cenar en un restaurante llamado Chez Marcel et Lilly situado en 13 Rue du Quai Bourgeois. La decoración es coqueta y vintage, con un ambiente muy acogedor. Ya teníamos ganas de empezar a saborear la comida francesa y en este lugar resultó exquisita y con un precio muy razonable. De entrante pedimos foie gras acompañado de cebolla caramelizada, y de platos principales; un confit de pato y una hamburguesa que estaba buenísima. De postre unos profiteroles con nata y creme boulée. Salimos encantados, por la comida, la atención y el precio que no superó los 40 euros. Muy aconsejable.

Plaza de la Bolsa. Espejo del Agua
A partir de aquí, nos acercamos por el paseo marítimo hasta la Plaza de la Bolsa, con muchas ganas de ver su famoso Espejo del Agua. Los majestuosos edificios del siglo XVIII que componen la plaza y la iluminación nocturna que reciben sus fachadas nos dejaron con la boca abierta. 
¡¡¡Que preciosidad!!!  Frente a la plaza, está situado el espejo del agua, una idea arquitectónica, sencilla y original, donde se reflejan todas las fachadas de la plaza, creando una simetría espectacular.
A esta plaza volvimos y volvimos en diversas ocasiones para contemplar los juegos de agua del espejo, los niños jugando y el familiar ambiente que se vive en ella.

Decidimos retirarnos hacia el hotel dando un paseo y recorriendo algunas calles por las que aún no habíamos caminado. Ya estábamos cansados y nos acostamos pronto para comenzar el próximo día con fuerza.


DÍA 2.- PASEANDO POR BURDEOS


Vistas de la Catedral desde lo alto del campanario de Pey Berland
Este segundo día en Burdeos lo pensábamos dedicar a conocer todas sus calles y plazas, iglesias y torres, fuentes y demás monumentos bonitos por descubrir.

Primero tomamos un delicioso desayuno con el típico croissant francés en una cafetería cercana al hotel y después, caminamos hasta la Plaza de Pey Berland donde decidimos subir a la torre para ver Burdeos desde las alturas.

La subida por la escalera de caracol es un poco dura, pero merece la pena por las impresionantes vistas.




Una vez arriba, se pueden observar de cerca los pináculos, las gárgolas y toda la decoración de las ventanas, así como la gigantesca imagen dorada de Nôtre Dame de Aquitania que culmina la torre.

Al bajar de la torre decidimos tomar el tranvía. Precisamente, en esta plaza se cruzan las distintas líneas de tranvía con las que te desplazas muy cómodamente por toda la ciudad.

Compramos los tickets correspondientes y nos desplazamos en la línea B hasta la Cité du Vin o Ciudad del Vino, situada en la zona norte de la ciudad.

Infraestructura conocida como La ciudad del Vino








Se trata de una infraestructura muy original dedicada al vino como patrimonio cultural y universal. 

La arquitectura del edificio, el restaurante y las vistas desde su terraza, la biblioteca o lugar de relax, y especialmente, el moderno diseño de la tienda de vinos con miles y miles de botellas de vinos de todo el mundo, hacen de este lugar     una especie de museo muy recomendable.



Dejamos atrás el dorado edificio y caminamos por la orilla del río a lo largo de una zona de tiendas y cafeterías conocida como Les Hangars.
Algunos comercios parecían outlets y ofrecían descuentos, y las terrazas de los restaurantes estaban a pleno sol, muy animadas y con bastante público. 

Después de ojear algunas tiendas, volvimos a tomar el tranvía hasta el centro de la ciudad y nos bajamos en la parada de La Plaza de la Comedia, donde se apreciaba mucho ambiente de gente por las calles. 

Esta plaza es otro de los centros típicos comerciales de la ciudad, donde confluyen el tranvía, calles y avenidas llenas de tiendas, restaurantes y cafés. Sin duda, destaca el Teatro de la Ópera de Burdeos y frente a este, el Gran Hotel Internacional de Burdeos, ambos edificios con fachadas impresionantes del siglo XVIII. De la plaza me encantó una obra escultórica de grandes dimensiones hecha en forja, obra de Jaime Blesa, un rostro femenino con una perspectiva muy particular. Aconsejo que la rodeéis completamente para apreciar todas sus perspectivas y su belleza. 
Teatro de la Ópera de Burdeos
Escultura de Jaime Blesa. Preciosa!!!




Llegados a este punto, en pleno bullicio callejero, gentes para todos lados, terrazas llenas, sol y una temperatura perfecta, decidimos perdernos por las calles de Burdeos y caminar con toda tranquilidad.

Descubrimos la Galería Bordelaise, una bonita galería comercial con la bóveda acristalada. Frente a la entrada, una tienda de delicatessen “le comptoir bordelais” con todo tipo de exquisiteces típicas de esta zona francesa. 






Al atravesar la preciosa Galería aparecimos en la super-famosa Rue Sainte-Catherine, dicen que se trata de la calle comercial más larga de Europa. No sé si esto será cierto, pero realmente es muy larga y es una calle muy colorida y llena de gente y de tiendas. 


En todas sus calles aledañas y sus alrededores brilla el mismo ambiente alegre y colorista. Me gustó mucho porque no solo están las típicas y aburridas franquicias del grupo Inditex and Company, sino que, en toda esta zona del centro de Burdeos, se pueden encontrar infinidad de tiendas y negocios particulares, pequeños, coquetos y diferentes, que le dan una gran personalidad y un estilo diferente a la ciudad. 

Tiendas de ropa, de complementos, mezcladas con boutiques de quesos, de latas de conserva, de fotografía, de gastronomía, zapaterías, papelerías, y ¡cómo no!, muchísimas tiendas de vinos típico de Burdeos.


 Placitas pequeñas llenas de barecitos y restaurantes con los toldos extendidos, las terrazas perfectamente preparadas, y los manteles de colores extendidos sobre las mesas que invitaban a sentarse para tomar algo.


Le Grilladin Saint Pierre”.
Y así, paseando y paseando, llegamos a la Plaza de Saint Pierre, recoleta y con la iglesia católica de San Pedro frente a nosotros, optamos por sentarnos a comer en la terraza de un restaurante francés llamado “Le Grilladin Saint Pierre”. 

Además de resultarnos agradable y bonito, la llamativa pizarra de la entrada era todo un reclamo para nosotros, ya que estaba escrita en español, así que no nos lo pensamos. La “formule” o menú del día nos resultó estupendo y de postre no faltó la famosa copa de” l’île flottante” que ya conocíamos de nuestro anterior viaje a Toulouse.

La comida, el servicio, el entorno y el precio cumplieron con éxito nuestras expectativas. Entre los comensales de las mesas vecinas surgió una breve conversación en la que una amable turista suiza-española nos recomendó insistentemente que probáramos el menú degustación en el restaurante situado en los bajos del Teatro de la Opera, “Le Quatrième Mur”. Desgraciadamente, a pesar de intentarlo al día siguiente, la degustación en este sitio tan lujoso fue imposible sin haber previsto una reserva con anticipación.


Como teníamos la Iglesia de San Pedro enfrente, pasamos a visitarla. La iglesia se edificó en el s. XV y fu remodelada en el s. XIX. El pórtico es de estilo gótico flamígero, y lo único que se mantiene desde su origen son el coro y la fachada sur. La parte interior es la más espectacular, gracias a sus bóvedas ojivales minuciosamente esculpidas, las vidrieras del s. XIX y una Piedad de madera del s. XVII. 



Proseguimos nuestro camino con la intención de ver la Plaza de la Bolsa y el Espejo del Agua a plena luz del día.


 La estampa del Espejo en un día soleado a las 16:00 h, fue maravillosa. Estaba lleno de niños descalzos y jóvenes jugando con el agua, adolescentes con patines de ruedas, familias enteras con sus mascotas y turistas haciendo fotos.

 Le Miroir d'eau de Bordeaux es una espectacular obra de ingeniería que alterna el espejo
 (2 centímetros de agua sobre una gigantesca placa de granito), con un gracioso juego de chorritos que crean una neblina que refresca, pero no te empapa, por lo que toda la gente se anima a jugar y hacer fotos mientras disfruta del sencillo espectáculo en la orilla del río Garona.


Después de pasar un rato divertido y hacer miles de fotos, nos acercamos a ver la Fuente de las Tres Gracias en el centro de la Plaza de la Bolsa, y sus emblemáticos edificios: El Museo Nacional de Aduanas y La Cámara de Comercio e Industria de Burdeos. Únicamente observamos las fachadas, pero no entramos a verlos. 



Nuevamente tomamos rumbo al centro para seguir disfrutando del acogedor ambiente de las callecitas de Burdeos y llegamos a la Place Camille Jullian, en honor a un ilustre historiador bordelense al que se recuerda en una placa conmemorativa situada en unas columnas de origen romano sobre un pedestal en mitad de dicha placita. 

El lugar no puede tener más encanto; llena de terrazas de cafés y restaurantes, toldos de rayas de colores, grandes arboles que dan sombra y hasta algún músico amenizando la tarde. Allí también se encuentra el mítico cine “Utopia” situado en la antigua iglesia Saint-Siméon. Os recomiendo entrar a verlo. 
Pasito a pasito y sin saber de qué manera, llegamos a Cours de l’Interdance, una avenida muy bonita de tiendas de lujo por la que ya habíamos paseado anteriormente. Nos metimos en una galería comercial preciosa y de tiendas carísimas que terminaba en el Salón de té Any´Teas, y en la salida a la calle, una pequeña plaza, donde sorprendentemente, no había gente y donde está situada la Iglesia de Notre Dame de Burdeos, del siglo XVII y estilo barroco. 


Unos pasos más adelante nos topamos con la escultura dedicada a la figura de Goya sobre un pequeño pedestal. El ilustre pintor español vino a exiliarse a Burdeos en los últimos años de su vida, tenía 78 años cuando decidió abandonar España por miedo a las represalias que Fernando VII estaba tomando contra los liberales.


Saliendo de la plaza, en la esquina con la Rue Diderot vimos el Centro Comercial Les Grands Hommes. El centro comercial es el más antiguo de la ciudad, el nombre se lo debe a su ubicación, una plaza en la que confluyen varias calles, cada una con el nombre de un “gran hombre” francés: Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Diderot… Fue precisamente en una preciosa tiendecita joyería de la calle Montesquieu donde nos paramos a elegir un regalo para nuestra hija, Marina.

Centro Comercial Les Grands Hommes
De camino al hotel, ya bastante cansados, pasamos a ver la famosa librería Mollat, una verdadera institución en Burdeos.
Es realmente grande, con varias salas temáticas, paredes y paredes cubiertas de libros por todas partes. Especialmente llamativas son las salas dedicadas a los libros infantiles. Seguimos paseando y en nuestro afán por no repetir las mismas calles que ya habíamos recorrido, aparecimos en una plaza triangular llamada Place Saint-Christoly, sin nada especial que destacar, salvo la fachada de un moderno hotel el “Mama Shelter”. Creo que había oído hablar alguna cosa de este lugar y la curiosidad hizo que entráramos a verlo. El restaurante es una sala grande llena de colorido, tenue iluminación, mobiliario original y una barra en el centro decorada con flotadores de colores bajo unos llamativos focos, que dan al local un aspecto moderno y chulísimo. En definitiva, un lugar de moda para gente “guapa” y seguramente carísimo. Salimos airosos del local porque no teníamos reserva para la cena, de manera que seguimos caminando hasta la Plaza de la Catedral donde hicimos algunas fotos más al pórtico y a un precioso café típicamente francés que llenaba un rincón de la plaza.

Agotados y únicamente con ganas de descansar, decidimos comprarnos la cena en una pequeña tienda y subir a la habitación para cenar en el hotel. ¡¡¡Una idea estupenda!!!


DÍA 3.- SAINT-EMILIÓN

El plan para el tercer día era acercarnos a Saint-Émilion, un pueblecito a solo 45 minutos en autobús desde Burdeos. Llegamos en el tranvía hasta la estación de trenes de Burdeos, Gare Saint-Jean, sobre las 10:30 h de la mañana y nos informaron que el próximo autobús a Saint -Émilion no salía hasta las 14:15 h. Realmente, nos quedamos un poco chafados, pero tras unos minutos de incertidumbre, decidimos ir a conocer una pequeña parte de Burdeos que nos quedaba pendiente. Cogimos nuevamente el tranvía, trasbordo a la línea C y parada en “Jardín Public”. Caminamos hasta la Iglesia de Saint Louis Chartrons y después entramos en alguna tienda de anticuarios de la zona, llegamos a la plaza del mercado o Halle de Chartrons, que estaba cerrado, pero con un grupo de bailarines ensayando en su interior. Nos compramos unos dulces y  dimos por concluida nuestra visita a este barrio de los anticuarios del que no puedo describir ninguna cosa especialmente recomendable. ¡Lo siento!


Subimos al tranvía y en apenas 5 minutos estábamos en la Place des Quinconces. Una explanada enorme, llena de casetas de madera cerradas, de lo que suponemos serían tiendas o puestos de libros u otros artículos, que abrirán en alguna fecha determinada. Lo cierto es que no sabemos qué hacían allí cerrados tal despliegue de casetas. Daban un aspecto bastante feo y descuidado.

Nosotros nos acercamos al Monumento a los Girondinos: El monumento principal fue erigido entre 1894 y 1902 en memoria de los girondinos que cayeron víctimas de El Terror durante la Revolución francesa. Se compone de un gran pedestal enmarcado entre dos cuencos, decorado con caballos y tropas de bronce, y coronado con una gran columna con una estatua en su cima que representa el espíritu de la libertad. Dos bellas fuentes simétricas completan el monumento en el que destacan unas grandes figuras humanas en movimiento con expresión de dolor y retorcimiento que me impresionaron mucho. Hicimos bastantes fotos del lugar y seguidamente tomamos el tranvía que nos volvería a dejar en la Estación de trenes donde, por fin, cogimos el autobús que nos dejaría en Saint-Émilion


El trayecto se nos hizo bastante corto, unos 50 minutos, a través de un bonito paisaje de viñedos por todos lados.


De repente, el autobús paró en un descampado junto a una antigua y cerrada estación de trenes, donde no había nada  ni nadie, más que una pequeña carretera de subida a unas alejadas construcciones en lo alto, y allí nos dejó a nosotros dos solos.
Nos quedamos bastante perplejos y bloqueados, pero intentando buscar una solución vimos una señal en la carretera que indicaba una flecha y decía: 20 minutos andando. Comenzamos a subir y subir la cuesta, en medio de la nada, rodeados de viñedos, pero sin ver una sola persona. Poco a poco nos íbamos aproximando a las casas que veíamos al fondo y después de unos 40 minutos llegamos al pueblecito. 


El chiste es que nos habíamos confundido en una pequeña bifurcación en la parte baja del camino, y en lugar de tomar el lado derecho, nos desviamos por el izquierdo,bordeando todo el pueblo por la parte de atrás y llegando a la parte más elevada del municipio. En fin, aquel error tuvo sus ventajas; ahora solo tendríamos que caminar cuesta abajo para conocer los rincones, calles y recovecos de Saint-Émilion.

Calle muy empinada y arco medieval
Mucha gente conoce este pueblo por ser el centro de la denominación de origen Saint-Émilion Grand Cru y Saint-Émilion AOC.  Nosotros somos totalmente ignorantes en materia de vinos. Está lleno de tiendas de venta de vino en todos los locales.

 Sin embargo, además es un pueblo medieval muy bonito y con muchos atractivos históricos que te dejan alucinado. Por eso forma parte del patrimonio mundial de la UNESCO. Es decir, Saint-Émilion tiene mucho más aparte de viñedos. El pueblo tiene calles muy empinadas y unos desniveles muy pronunciados.

Antiguo convento en reconstrucción

Iglesia monolítica. Excavada en la roca. Verdadera joya de Saint-Emilión.


Vimos dos lavaderos antiguos, las ruinas de un convento que están reconstruyendo, una fortaleza o atalaya, el campanario y lo más destacable del lugar es la iglesia monolítica excavada en la roca. Para visitarla has de inscribirte en la oficina de información y turismo. Nosotros hicimos la visita guiada muy interesante que reservamos para las 18:30 h. El guía nos enseñó la cueva de san Émilion, la capilla medieval que hay encima, las catacumbas y, finalmente, una iglesia monolítica subterránea que alcanza los 11 metros de altura y resulta verdaderamente impresionante. El guía era amabilísimo y muy atento, incluso nos hacia algunos comentarios en español para poder seguir las explicaciones.


Vista general de Saint-Emilión
Finalizando la visita, sentíamos que se nos estaba haciendo tarde, y no podíamos perder el autobús de vuelta a Burdeos que nos recogería en el mismo descampado en que unas horas antes nos había "soltado".
Cuando salimos del interior de la cueva, el cielo estaba completamente encapotado, se estaba poniendo negro y más negro por minutos. Comenzamos a acelerar el paso para llegar lo antes posible a la parada del autobús con cierto miedo a que nos cogiera una tormenta en mitad del camino. Pero la naturaleza no tiene control: de repente el cielo comenzó a tronar sobre nuestras cabezas y de las nubes no podía caer más agua. 
Corríamos y corríamos con la idea de llegar a la antigua estación de trenes lo más rápido posible para refugiarnos, pero en unos pocos minutos ya estábamos completamente calados. Cazadoras, camisetas, zapatillas y calcetines se habían empapado.
Llegamos a la parada, que parecía una auténtica piscina,  la estación estaba cerrada y no había un solo sitio donde cubrirnos del chaparrón. Y allí, en mitad de la nada y en plena tormenta, solo y únicamente, había una caseta de baño público o toilette en la que nos refugiamos, previo pago de una moneda de 0,50 euros, que encontramos de casualidad.
 ¡¡¡Resultaba cómico!!!, pero ¿Qué podíamos hacer?... La aventura, es la aventura!

A los diez minutos llegó el autobús, nosotros éramos los únicos locos pasajeros, y aprovechando los respaldos vacíos de los asientos, comenzamos a escampar nuestras ropas para secarlas con la calefacción. Ahora que ha pasado el tiempo, nos reímos mucho de aquel momento que no olvidaremos jamás. La pena es que no tenemos fotos del momento, pero vaya caras que se nos quedaron!
Aunque estábamos mojados, no pasamos demasiado frío, llegamos a la estación de trenes de Burdeos y en menos de 15 minutos ya estábamos en el hotel para darnos una maravillosa ducha de agua calentita que era lo más deseable en aquellas circunstancias. Esta noche no teníamos  más ganas de aventuras y nos quedamos a cenar en el restaurante del hotel para descansar prontito.




DIA 4.- DISFRUTANDO DE BURDEOS

El último día en Burdeos nos lo queríamos tomar con mucha calma, simplemente queríamos disfrutar de sus calles y plazas mas bonitas, de las pequeñas tiendas llenas de encanto, de las terracitas al sol y de alguna comida típica que nos había quedado pendiente.

Comenzamos entrando en el Hotel de Ville, la sede del Ayuntamiento de la ciudad y uno de sus principales puntos de referencia. El edificio, también conocido como Palais Rohan, se encuentra frente a la catedral y es una estructura imponente y majestuosa, en cuyo interior, elegantemente decorado, se pueden admirar bellos candelabros que cuelgan del techo.


En el patio de la entrada al ayuntamiento se exponía una colección fotográfica de artistas mundialmente famosos, entre los que se encontraban Salvador Dalí y Picasso, entre otros. 






A partir de ese momento, caminamos sin rumbo fijo, viendo tiendas y tiendas de ropa, tiendecitas de complementos, bolsos y bisutería, zapaterías y delicatessen variadas.

Las calles lucían preciosas y las fachadas de los comercios, muy cuidadas, no podían ser más ideales, las terrazas de las cafeterías y los toldos de los restaurantes, con los cartelones y las pizarras de los menús le daban mucho color al ambiente.


Esta foto de la fachada gris, pertenece a una tienda de quesos que merece la pena visitar, no solo por la variedad de los productos, por los diferentes orígenes y elaboraciones,  sino por la decoración, el buen gusto, las lecheras antiguas, y un montón de detalles encantadores. Imprescindible para los amantes de los quesos.




No podíamos dejar pasar la tradición y compramos los famosos “canelés de Baillardran, capricho de mi marido, en la tradicional pastelería de Porte Dijeaux.




Seguimos paseando, pero como no nos gusta perder el tiempo, decidimos planificar una visita al Museo de Arte Contemporáneo que siempre resulta interesante en cualquier ciudad del mundo.


Interior del Museo CAPC. 
Una de sus obras más ideales
Tomamos nuevamente el tranvía que ya era familiar para nosotros y nos apeamos en la parada de CAPC. “ (Centro de artes plásticas contemporáneas), creado en 1973 por Jean-Louis Froment, se instala a partir de 1974 en el Entrepôt de la Place Lainé, un antiguo depósito 
ultramarinos. 
Nada más entrar en el edificio percibes que en su origen era una lonja o algún tipo de almacén. La estudiada iluminación es muy tenue y comienzas a encontrarte cómodo según vas entrando en su interior. Merece una visita solo por ver el edificio en el que se ha instalado el museo y por el cuidado en todos los detalles. 

También conviene destacar en este lugar la bonita cafetería de la última planta.

"Con las adquisiciones y las donaciones, se han reforzado tanto los ejes históricos y fundadores de esta colección, como privilegiado una nueva generación de artistas, cuyas obras renuevan la práctica del arte interrogándose al mismo tiempo sobre distintos aspectos del modelo social. Citemos, por ejemplo, el galerista Jean Fournier que dio varias obras maestras, entre las cuales un Simon Hantaï o una pintura de Joan Mitchell. De este modo, la historia de la colección del museo da prueba de lo que fue y de lo que es la actualidad del escenario artístico emergente" (http://www.capc-bordeaux.fr/es/la-coleccion ).  

Desde luego, algunas obras, o muchas de las obras, no te dejan indiferente.



Seguimos paseando y disfrutando de esta ciudad, repetimos la Plaza del Parlamento, Plaza de San Pierre, callejuelas adyacentes, etc. Pero yo quería volver para comer en una de mis plazas favoritas de Burdeos; la Place Camille Jullian.  Allí encontramos la terracita perfecta, la mesa perfecta y un lugar encantador en el Restaurante “Simeone Dell Arte”. Comimos de maravilla y sencillamente pedimos “le formule” del día: entrada, plato fuerte, postre y bebida. Todo muy, muy rico.




No queríamos perdernos ver las fachadas de Burdeos desde el otro lado del Garona, de manera que atravesamos el río con el tranvía para conocer algo de la zona de La Bastide

Contemplamos por fuera la iglesia de Sainte Marie de la Bastide que cuando llegamos ya estaba cerrada al público y seguimos paseando hasta la Place Stalingrad o centro de la Bastide, la plaza en la que se halla la impresionante escultura de un león azul.

La tarde era preciosa y apetecía tomar algo en las terrazas al sol, subimos a una segunda planta de la cafetería e hicimos unas bonitas fotos de las fachadas de la otra orilla, del Puente de Piedra y de la Torre de San Miguel que sobresale por encima de todas las demás. 



Allí mismo, se encuentran los muelle para subir al Batcub, un estupendo barquito con el que disfrutamos de un precioso paseo a la luz del atardecer. Este barco pertenece al servicio público de transporte de Burdeos, y utiliza el mismo ticket que el bus o el tranvía. El recorrido fue muy agradable y romántico, lo recuerdo como uno de los momentos más agradables e inolvidables de este viaje.


 Finalmente nos bajamos en la parada de La Ciudad del Vino, y allí nos acercamos a ver qué “se cocía” en unos hangares situados al lado, donde había mucho público y bullicio.




Gracias a nuestra curiosidad sin límites, descubrimos “Les Halles de Bacalan”, una especie de mercado, lleno de puestos de comidas típicamente francesas, generalmente delicatesen, donde te preparaban bandejas a tu gusto.


 Lo primero que encontró Chimo fue un puesto de ostras y cigalas, inmediatamente pillamos una mesa y comenzamos a observar cómo funcionaba aquello. 


El sistema era sencillo; te coges una mesita y te vas comprando en cada puesto lo que te apetece.
Mientras Chimo se encargaba en la pescadería de las ostras y cigalas, yo me fui a la Maison Aperitive Francaise para que me prepararan una bandeja con embutido, el foie gras, y otros patés, pepinillos, queso y pan de ese francés que te quita el sentido.

 Lo acompañamos con vino de Burdeos y esta cena en un ambiente típico bordelés la recordaremos como el broche de oro de estos 4 días en una ciudad maravillosa que nos ha enamorado completamente.



Estos 4 días en Burdeos han sido muy especiales para nosotros y 

cierran un ciclo de 25 años juntos.