martes, 28 de junio de 2016

Nos guste más o nos guste menos, las urnas han hablado.


No tengo por qué justificar mi ideología política, pero diré que, ser de izquierdas o ser de derechas no significa nada para mí.  Ser progresista o conservador, no me define. Dependiendo de las circunstancias tomo opciones diferentes, y abogo por ser libre de pensamiento, expresión y acción, “porque yo lo valgo”.  Dicho lo cual, sostengo que nos guste más o nos guste menos, las urnas han hablado. Y los resultados pueden interpretarse de muy diversas maneras, pero deberíamos plantearnos interpretaciones objetivas para no caer en el absurdo.
Estos días, después de conocer los resultados de las elecciones del 26 de junio de 2016, las redes están que arden de indignación, de rabia, de estupor e incluso de odio.
Vivimos en una sociedad que no admite los resultados  cuando no se ajustan a sus expectativas y a sus deseos. Se están escuchando todo tipo de críticas, chistes y en algunas ocasiones hasta insultos.
-Porque es insultante despreciar la Democracia que tanto nos ha costado conseguir y compararla con una Dictadura.
-Es insultante menospreciar los sistemas democráticos que hacen posible unas votaciones libres y pacíficas, insinuando que se ha producido un pucherazo.
-Es insultante que se juzgue a los votantes de ignorantes, se sentencie que los mayores son fácilmente manipulables o que los más jóvenes han sido absorbidos por el idealismo y el populismo.
Parte de esta sociedad no comprende qué ha ocurrido. Unos se creen los ganadores o elegidos de Dios sin admitir sus fracasos, sus equivocaciones y sus corruptelas, sin darse cuenta que muchos de sus votantes han seguido el refrán: “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.  Otros tantos, cual Calimero, se consideran unos incomprendidos y acusan de sus bajos resultados electorales  al miedo social  o a la mediocridad de los votantes.  Algunos, no sé bajo qué maligna intención, difunden la idea de que se está acabando con la Democracia. Me atrevo a pedir cordura, reflexión y análisis constructivo por parte de todos: electores, elegidos y medios de comunicación. 
 
 
La democracia y la libertad se disfrutan, se aprecian y se refuerzan en el día a día con nuestras acciones y nuestras palabras, nunca con el cabreo visceral producido después de unas elecciones, cuando no han salido las cosas como se esperaban o se imaginaban. Porque la Democracia está basada en la realidad de unos resultados electorales y no en las expectativas extraídas de unas encuestas. No nos confundamos.
Lo que después hagan nuestros políticos para solucionar los problemas de esta sociedad es otro tema.

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